Se abrió el cajón.

 

Algo brilló en la sombra.

 

Luego de varios segundos

dos cuernos rasgaron el encierro

y él salió, tranquilo.

 

Caminó parsimonioso en la calle vacía.

 

¡Aja toro!

Lanzaron por doquier los hombres furibundos,

encaramados en gradas postes y ventanas.

 

Botes de cerveza espuma blanca camisetas y sombreros;

cayeron sobre su enorme cuerpo.

 

Un capote rosa desgastado y sucio,

ondeó ante sus fuertes astas.

 

Una muñeca de trapo golpeó su rostro.

 

El toro siguió su inmutable paso.

 

¡Pareces burro!…

Gritó fuerte un ebrio que se lanzó al animal

con aspavientos.

 

Un rojo brillante

manchó el asfalto.