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Se abrió el cajón.

Algo brilló en la sombra.

 

Rasgaron sus cuernos el encierro

y él salió, tranquilo.

Caminó parsimonioso

en la calle vacía.

 

Botes de cerveza espuma blanca

camisetas y sombreros,

cayeron sobre su enorme cuerpo.

 

Un capote desgastado y sucio,

ondeó ante sus ojos negros.

Una muñeca de trapo golpeó su rostro.

 

El toro siguió su inmutable paso.

 

¡Pareces burro!…

Gritó fuerte un ebrio

que se lanzó al animal

con aspavientos.

 

Un rojo intenso manchó el asfalto.