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Frente al Tláloc de piedra

que ambienta la avenida,

grises tanques abren sus llaves

y golpes de agua se esparcen;

enfurecen al reclamo de estudiantes

campesinos soñadores artistas

feministas y anarquistas.

La multitud es remolino

que en su giro se refuerza y vuelve,

derriba muros, incendia banderas

y con ramos de flores en las manos

busca la piel, los ojos, también oscuros,

entre el pálido brillo de los cascos.