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Alguna laguna. Totolcingo

Puebla-Tlaxcala, México, 2025

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Mi hermana Aída nos llevó por vez primera al mar.

En el camino a Veracruz atravesamos la laguna, flanqueadas por las nubes reflejadas en el agua. Y yo me quedé sembrada en su brillo de plata. Tiempo después, aquel día en que dejamos nuestra casa, vi desdibujarse su reflejo en las lágrimas de mi madre, que lloraba nuestro adiós. Tal vez por eso siempre quise ir a ese sitio y ahora, después de décadas, he ido.

 

El agua se mira muy a lo lejos. 

Demetrio García me dice que aunque este año ha llovido ya casi no hay nada. Antes, había muchos patos, muchos peces, mucha vida.

Víctor pepena fierros viejos entre un montículo de escombro.

Un ganado busca comida entre basura.

Yo me adentro en el rojizo terraplén. Avanzo lento.

Encuentro el espejo blanquecino que, frente a mi recuerdo aparece ahora como un pequeño reducto protegido por un puñado de grullas aferradas a lo que queda con agua.

¿De dónde vienen y a dónde irán esas aves?

¿Escaparán acaso del disparo aficionado?

Huirán despavoridas de las motos y los autos, que han encontrado en el sitio una pista abandonada.

Agua blanca como leche. Ramas queriendo abrirse camino entre el verde del pasto. Montes. Mina. Restos humanos amarrando mis pasos. Llantas, plásticos, casquillos de cazadores, vacíos. Fragmentos. Presencias-ausencias. Recuerdos.

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La Laguna de Totolcingo, situada en la frontera entre los estados de Puebla y Tlaxcala, ha sido históricamente un ecosistema acuático de gran relevancia ecológica, cultural y simbólica para las comunidades aledañas.

 

Formada en una cuenca endorreica de origen volcánico, esta laguna fue en tiempos pasados refugio de grandes parvadas de aves migratorias, fuente de sustento para comerciantes de tequesquite y pescadores locales, así como espacio de encuentro comunitario. 

Sin embargo, hoy, aún en tiempo de lluvia se presenta fragmentada y su biodiversidad en serio declive.

La pérdida de un bien natural no es solo la desaparición de un recurso, sino el desvanecimiento de un vínculo cultural, espiritual y ecológico que, una vez roto, deja un vacío difícil de reparar.

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